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Se juega como se entrena.

Todo equipo de balonmano, y de todos los deportes colectivos, tiene dos elementos principales, el entrenador y el jugador. Misión del entrenador es realizar un análisis previo de los jugadores que tiene en la plantilla, sus características técnicas y antropométricas y, a partir de ahí, diseñar unos entrenamientos que tengan cono premisa la eficacia y el desarrollo máximo individual y colectivo del equipo. Si las tareas cumplen ese propósito y si se han hecho bien los deberes se demuestra al aprobar el examen, la competición, el partido tras partido que es algo así como la evaluación de todo el proceso.

Misión del jugador es entrenar, pero he aquí que podemos agrupar al jugador en dos categorías, por simplificar: los competitivos y los no competitivos. Ambos buscan divertirse y pasar un buen rato con sus compañeros.

Pero profundicemos un poco más. El jugador competitivo busca un reto constante, se esfuerza en su propia mejora durante cada sesión, acepta con valentía los desafíos, no pone excusas tras el error, se organiza en casa con los estudios para no faltar a ningún entrenamiento, es disciplinado, asume con humildad las correcciones del entrenador y es el primero en ver en cada partido una opción de luchar para lograr una victoria.

El jugador no competitivo, en cambio, lo que busca es echar un rato con sus amigos, hacer algo de deporte. Asume el compromiso que conlleva formar parte de un grupo de competición pero sin calentarse mucho la cabeza. Es poco sacrificado y autoexigente y busca cualquier excusa para justificar un error, una escasez de esfuerzo o una ausencia a su preceptivo entrenamiento.

Dicho esto, tengo el enorme orgullo de afirmar que cuento con un grupo que, en su gran mayoría, está formado por jugadores competitivos. Un grupo que, en su gran mayoría, entrena bien y juega bien.

Esto se pudo comprobar en el partido de liga disputado en las dañadas instalaciones del Periquito, arrancada su recién reparada cubierta por el pasado temporal. Esperemos que en venideras jornadas no llueva mucho pues entonces deberemos practicar waterpolo en vez de balonmano. Es lo que hay. Dicho esto, volvamos a la crónica del partido.

San Felipe Neri actualmente es el segundo clasificado en la liga. Es un equipo formado por jugadores de segundo año que cuenta entre sus filas con chavales de gran envergadura y fortaleza y con un portero excelente que lo para casi todo. Venía a Algeciras dispuesto a no perder para así seguir optando a la victoria final en el campeonato. Planteó una defensa 5:1 muy cerrada atrás salvo el jugador avanzado y que se transformaba en profunda cuando su rival, nosotros, dudaba en el ataque. Nosotros defendimos con nuestro clásico 3:3.

La primera mitad finalizó con un marcador de 5 a 8 para los visitantes. Nuestra defensa funcionó muy bien pero no así nuestro ataque, que chocaba una y otra vez contra el meta gaditano en ocasiones claras de 1 contra 0. Hicimos buenos movimientos de balón que no se transformaron en gol debido a que, repito, cometimos demasiados errores en el lanzamiento sin oposición.

Tras el descanso la consigna fue mejorar en ataque y eso lo conseguimos. Anotamos 11 goles, más del doble que en la primera mitad. También encajamos más, sobre todo desde los extremos, una vía de agua que solo pudimos contener desde mediados de la segunda parte con cambios de jugadores más corpulentos y capaces de defender mejor desde el puesto de exterior. En un momento llegamos a colocarnos a 2 goles de los gaditanos, pero una serie de errores otra vez en el lanzamiento e incluso desde el punto de penalti, y unas exclusiones algo rigurosas, hicieron que el resultado final fuese de 16 a 22 para los visitantes.

En resumen, hemos gozado de buen partido muy competido y hay que estar satisfecho aunque duela perder. Efectuamos más lanzamientos a puerta que el equipo de Cádiz, estuvimos más minutos que ellos en inferioridad y en todo momento enfrentamos al rival de tú a tú. Como decíamos al principio, este partido ha servido de evaluación rigurosa del nivel de nuestros jugadores y de la eficacia de los entrenamientos que estamos llevando a cabo. Se juega como se entrena y eso demostramos en la pista ante un conjunto superior en edad y en físico. Jugamos bien a pesar de la derrota porque entrenamos bien, porque en general el compromiso de la plantilla es encomiable y porque tenemos jugadores en su gran mayoría muy competitivos.

Hasta la próxima crónica buena semana y buena suerte.